lunes, 23 de abril de 2012

Saberte imposible es volver demasiado atrás

Conocerte me sirvió para volver a creer en los amores imposibles, cuando ya pensaba que eran posibles.
Conocerte me refugió en los recuerdos cuando vivía de imprevisto.
Conocerte me volvió más débil cuando todos me veían fuerte.
Conocerte me quitó el sueño cuando había conseguido ordenar mis sueños.
Conocerte me hizo sentirme vacío, sí, pero más jodido por saber que no podría conocerte más.

La desesperación, aunque absurda, trae de nuevo las ganas de escribir. Sea bienvenido por fin... Algo conocido.

lunes, 29 de agosto de 2011

No me pidas consejo...

Hace tiempo que no digo nada y el mundo sobrevive sin zozobras relevantes. No es que ya no tenga nada que decir, es que no encuentro los motivos para abrir la boca o empuñar la pluma. Sé que me llevaré muchas cosas conmigo por no dejarlas fluir, pero nadie las echará de menos: alguien dirá algo parecido, estamos llenos de filósofos baratos y casi tan presuntuosos como yo.

Y después de todo, como si nada, pregúntame si quieres como llevo el fracaso y qué fue de los sueños de juventud, darling.

martes, 11 de enero de 2011

Una verdad aplastante

A veces se llega al final de un camino de la forma más insospechada. Así fue exactamente como yo llegue a la madurez: el día que me di cuenta que, elegida la soledad, me veía eternamente obligado a limpiar la putrefacta suciedad de mi propio cubo de basura, más allá de cualquier tipo de riqueza material posible.

sábado, 8 de enero de 2011

Mapas empeñados

Sueño y me despierto apoyado en una puerta que no esconde detrás más que una habitación vacía. Intento disimular, pero al final alguien notará que el chasquido de los dedos con los que me llaman denotan ese sonido a hueco tan peligroso. Las contradicciones se suceden con tal celeridad que apenas puedo recordar en que punto se han quedado mi frágil honestidad y mi dudosa credibilidad. Y todos los mapas que había utilizado hasta ahora se encuentran empeñados por pensar que ya no los necesitaba; quizá simpre estuvieran empeñados, empeñados en decirme que andaba equivocado. Sin duda, me encuentro más perdido que nunca, y con un sólo rayo de esperanza: Sólo en las situaciones límite nos atrevemos a tomar decisiones realmente valientes. Espero estar a tiempo...

sábado, 18 de diciembre de 2010

Seis canciones llevo sin dejarte de querer...

Hacía demasiado que no ponía una de aquellas canciones que agitan la conciencia sentimental de Viktor. Dado que la entrada con mayor popularidad del blog rendía cuentas con Paco Bello en una canción de este estilo, estoy seguro de contar con vuestra aprobación. Esperemos situar ahora donde se merece a Andrés Suarez con esta melancólica Números cardinales (a pesar de que existe una versión más conocida con Tontxu, creemos que se aprecia más su voz en las versiones en directo del tema). Sólo una puntualización: Si yo le dijera a algún amor imposible que nos quitáramos la ropa y leyéramos, seguramante mandarían detenerme (no sin parte de razón).



Uno fue la luna que dejaste en mi colchón, dos tus ojos.
Tres de cuatro barcos naufragaron en la forma de tus modos.
Cinco las mañanas esperando a que volvieras del trabajo.
Seis canciones llevo sin dejarte de querer y aún no he acabado.
Siete los hoteles que dejamos sin aliento, y menos solos.
Ocho vinos duelen al soñarte, equivocada en brazos de otro.
Nueve teclas grises de un piano de pared desafinado.
Cinco dedos con mis otros cinco te recuerdan demasiado.

Con todo para ti, nada a mi lado.
Si quieres, te ayudo a subir bolsas del mercado
Si quieres, hacemos el verano algo mas largo.
Si quieres, nos quitamos la ropa y leemos algo.
Que la luna siempre llena de tus besos.

Once taxis libres enfadados, mientras tú y yo de la mano.
Doce los reclutas que pasamos por tu campo concentrado.
Trece buena suerte si es que pasas sin maletas por mi barrio.
Y puede que el catorce de febrero se nos junte con los labios.

Con todo para tí nada a mi lado
Si quieres, toda canción de amor lleva tu nombre
Si quieres, decimos a Sabina que nos nombre.
Si quieres, buscamos en el cielo más razones
Que la luna es niña que juega y se esconde.
Si quieres, Si quieres...

Andrés Suarez. Números Cardinales.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Muy de acuerdo

Seguramente esta semana lo fácil sería destacar el discurso de Vargas Llosa (magnífico, por otra parte), pero ya sabéis que aquí preferimos apuntar a dónde los focos no llegan con tanta fuerza. Así que aquí os dejamos una reflexión fantástica que todo escritor se ha planteado alguna vez, compartiendo la conclusión de la escritora:

"E igual que la grandeza de un cuadro no depende de si retrata una batalla naval o una comida campestre, también hay grandísima literatura cuyo sustento no es otro que la vida cotidiana, común y hasta banal, del autor y su entorno". (Laura Freixas)

jueves, 9 de diciembre de 2010

Atrapado en el pasado

Escucho música de hace 15 años (por lo menos). Leo a los clásicos, precisamente esos que eran ya clásicos desde hace mucho. Creo en el cine de Hitchcock y en los grandes que revolucionaron este invento cuando todo se hacía en blanco y negro. Sigo enamorándome de las mismas mujeres (o al menos, del mismo tipo) desde que era un adolescente.

Tiene delito que, tan anclado en el pasado, haya acabado tirando a la basura el resto del pan de molde por estar caducado desde ayer. Con tan pocos miramientos se me habrían acabado las excusas ante cualquier editor para continuar escribiendo aquí.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Confusiones y pareceres

Cuando salía, las rocas me parecían gatos que se escondían.
Cuando volvía, confundía el atardecer con rocas incendiando el día.
Cuando doblaba las esquinas, confundía las sombras con reuniones clandestinas.
Cuando me perdía, los miedos me provocaban a la par ataques de pánico y fantasía.

Y ahora te pregunto y suspiro... ¿Como pretendías, con este trajín de confusiones, día a día, que no confundiera tus palabras con caricias, y tu mirada cómplice con una pasión desenfrenada como la que yo sentía?

viernes, 14 de mayo de 2010

Silencio cómodo...

La mujer de la foto sonreía de una manera única, singularmente emocionada. Sus ojos brillantes, sin embargo, denotaban haber llorado poco antes. Y su expresión no disimulaba una fatiga extrema. A la derecha un muchacho frágil, recién licenciado, lucía el birrete sobre su cabeza descubierta, orgulloso de provocar tal alegría en su madre. Tardé dos semanas en descifrar la foto: El tiempo exacto que tardaron en anunciarme la muerte de mi compañero de graduación, Marcos, tras duros meses de quimioterapia y cuando ya estaba a punto de recuperarse. Siempre fue un chico muy callado, y yo nunca pregunté.

sábado, 30 de enero de 2010

Difícil decisión

La respiración entrecortada se correspondía con los nueve grados bajo cero que inundaban la plaza roja. También, por supuesto, con la relevancia vital del momento. Las sillas dispuestas en círculo, no más de una docena, y los discursos aprendidos eran la única señal de que lo que allí ocurría estaba planeado desde hacía meses. En ese momento recitaba su carta Muntaner, un chico rubio de orígenes chipriotas, con visible emoción:

"No fue mi elección convertirme en un delincuente, como no fue elección mía que se murieran mis padres cuando sólo contaba con once años y una hermana que cuidar. Aprendí a sobrevivir de la chatarra sin complicaciones. Más pronto que tarde pasé al robo de vehículos. Conociendo a la gente adecuada, quizá la más inadecuada de todas, comencé a labrarme una carrera. No había salvación posible para mi, pero me empeñé en devolver al mundo lo que le quitaba con mis pequeños delitos: Pagaba el mejor colegio de la ciudad a mi hermana, acudía los domingos con lo que podía a ayudar al centro de menores abandonados, nunca probé una droga. Una vez escuché que se referían a mi como un auténtico gentleman de los suburbios. Seguramente fue un subterfugio muy simple éste para impresionarles a ustedes, tan acostumbrados a las cimas y los valles de la vida, pero a mi en ese momento me sirvió para olvidarme de mis obligaciones con Dios y con mi ética. Hasa que un día, todo se vino abajo: Fui condenado a tres años de prisión cuando apenas fui mayor de edad. Perdí el control sobre lo que pasaba más allá de los barrotes de mi celda. Y cuando tuve noticias, fueron terribles: Mis compañeros de fatiga se repartieron mis ahorros. Mi hermana se dedicaba a la prostitución para ganarse la vida. Mis únicas creencias se desvanecieron cuando me contaron que el cura Monseñor Romero había dejado la vicaria por falta de Fé. Y dos meses después, mi hermana fallecía a manos de un loco. Todo derrumbado de nuevo. Busqué un plan B: No existía. Supe ese mismo día que mi proyecto de vida había acabado. Nunca fui un luchador, todo lo que hice desde los once años fue instintivo. Así que entonces decidí seguir mi instino una vez más y dar todo por concluido. Mis últimos meses han sido una tortura psicológica infame, por inútil, un fluir de sangre mecánico, por no deseado, y un suspense apagado, por resultar el destino final inevitable. Hoy me despido sin poderles dar un ejemplo de existencia, sin poderles asegurar que me espere algo parecido a la salvación al otro lado, pero con la confianza de que no me juzguen y aprueben lo que voy a hacer estando ustedes en la misma situación."

Muntaner fue a la mesa y tomó el revólver. Segundos después, sólo quedaban siete personas en la plaza. Los aplausos, no más de diez segundos, y no demasiado sonoros, fueron su único velatorio hasta que el equipo de exhumación se llevó el cuerpo y dejó al resto de supervivientes mirándose entre sí en la plaza, inquietos por tomar la palabra. Sólo uno más se iría esta noche. El resto tendría que aguardar a la siguiente cita en Brasil. Así estaba acordado.

sábado, 16 de enero de 2010

Amores enredados

Matías se levanta antes de la cama y actualiza su estado en Twitter antes de preparar un desayuno para ambos:

Utopías marchitas por fin. Cuerpos fundidos. Rosas. Pasión.

Virginia sale después de su habitación para nunca volver. Una tostada y dos besos que no saben aún de su transcendencia. Tres días después Matías sufre al perder su alma gemela recibiendo un email. Apenas tiene fuerzas para elegir nuevas palabras y escribe en Twitter:

Rosas marchitas. Pasión fundida. Utopías. Fin.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Acelerando...

No me digas que nunca aceleraste cuando un coche iba a adelantarte, porque de ser así, no duraremos demasiado... Sin más en lo demás, ando perdido en las alturas.

martes, 20 de octubre de 2009

Agachando la cabeza

Sin rumbo, cada vez más lejos del rastro que dejaban mis ideas de nuevo Bob Dylan, continúo agachando la cabeza. Peligra, además, la integridad: Descubres que cada día se te da mejor mentirte. Y por eso aún agachas más la cabeza. Miras el reloj y descubres que has echado a perder tu planificación de los dos próximos días. Y sólo por eso, aachas un poco más la cabeza. Sugieres con optimismo a los demás que persigan sus sueños. Y al darte cuenta de la antítesis que supone con los tuyos, agachas un poco más la cabeza.

Sé positivo, el día que vayan a partirte la cara, es muy probable que ni siquiera la puedan encontrar a este lado del horizonte.

domingo, 18 de octubre de 2009

A vueltas con los focos

A veces nos negamos a admitir las derrotas, incluso aquellos que hacemos de la derrota y el fracaso un ideal de vida. Vagamos por ahi con la sensación de que todo lo corriente, cada pequeño acto, será una nueva decepción que añadir a nuestro baúl una vez que acabe al día. Nos creemos animales inadaptados ante las convenciones más formales. Pero hay algo que no soportamos: perder en algo que consideramos nuestro campo de batalla, nuestra identidad. Estoy seguro de que Sabina no se toma en serio las críticas de los que afirman que no sabe cantar. Él mismo no tiene reparos en admitir esa derrota que supone su voz gastada por excesos y defectos. Pero si algún día Sabina se encontrara de frente con la verdad, y la verdad le dijera que nada de lo que ha escrito vale diez centavos, sufriría una crisis de ego realmente seria. Porque es esa virtud la que condona la deuda de sus mil y un defectos. Porque tiene una parte de sí que es, sencillamente, intocable.

Yo he buscado en ciertas excusas la razón de mis pequeños fracasos. He explicado algunos, he justificado otros, y a la mayoría los he calificado de inevitables para conseguir llegar al final del camino en plenitud y con la lucidez necesaria. No he tenido problema en decir que en seis o siete millones de cosas me cambiaría por uno u otro. Me he arepentido de muchos de mis actos. He saboreado más veces la hiel y la cal que ningún manjar, aún a riesgo de envenenarme con alguno. Pero se me va acabando el tiempo, y con él la esencia de credibilidad, para encontrar razones por las que no me ilumina el foco. Caí de forma peligrosa en la rutina de repetir esquemas: Aposté por dejar caer al mar meses de creación, confiado en demostrar que todo lo anterior era inmejorable. ¿Quién podría tumbar mi verdad intocable?

Pero el foco no llega. Y Sabina últimamente no escribe nada decente. No es por nada Sabina, pero a los dos nos cerca el peligro. Yo empiezo a dudar de todo. Y cuando digo de todo no digo de ese todo en el que no me importaba salir derrotado por goleada. Mientras tanto, retomo enfoques inacabados y me hierve algo más de escritura desenfocada.

sábado, 29 de agosto de 2009

Sin la suma suficiente de delirio...

"Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido.

Es la edad también que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar la vida: ahí está. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar.

Conque lo mejor era salir a la calle, pequeño suicidio. Cada cual tiene sus modestos dones, su método para conquistar el sueño y jalar. Tenía que dormir para recuperar fuerzas suficientes a fin de ganarme el cocido al día siguiente. Recuperar la energía suficiente para encontrar un currelo mañana y atravesar enseguida, entretanto, el oscuro túnel del sueño. No hay que creer que sea fácil dormirse, una vez que se ha puesto uno a dudar de todo."

Louis Ferdinand Auguste Destouches, más conocido como Luis-Ferdinand Céline.
Viaje al fin de la noche, 1932, Obra Maestra.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Cambios de rumbo imprevistos

A veces hay historias absurdas que ilustran más que filosofías unánimemente veneradas. No será este el caso. Pero no puedo dejar de relatarles esta historia. De recordar cómo hace un tiempo se presentó ante mí, y ante un auditorio de respetables dimensiones, una persona que poco podía decir sobre el tema que nos ocupaba. Lucía insignias ganadas en combates muy ajenos a los que nos ocupaban al resto. En resumidas cuentas, desconocía cómo podría haber llegado aquí, pero no por la distancia recorrida, sino por el sentido del camino elegido.

Incapaz de confiar en nadie, dudo que a un habitual le sorprendiera que yo esperara una lección magistral del apoderado. Más bien retozaba inquieto con cada tintineo de las agujas nerviosas de mi Tag Heuer, esperando el segundo justo en que no me pareciera injusto clavarle los puñales de la crítica. Tan sólo una hora después, sin embargo, tuve que torcer el gesto y admitir que no tuve tan claro haber perdido el tiempo. Sólo esta noche puedo confirmar que no lo hice: Acorralado por las circunstancias, ilegitimado por mis actos volátiles, desequilibrando la balanza entre lo correcto y lo incorrecto, me he acordado de cierta parte del discurso de aquel tecnólogo de andares firmes y frases de aspecto bélico. Su secreto no fue solventar su falta de conocimiento en la materia con un derroche de frases enciclopédicas. Fue, tan sólo, tener el atrevimiento de desviarse en un punto del camino, y la valentía para mostrarnos una dosis de filosofía vital que él había extraído de una canción de Fito. Sumergido, pero radiante, he encontrado el recuerdo esta noche. Ni siquiera me planteo si realmente supuso en él tal efecto cómo para incluirlo en su Power Point o simplemente era un recurso coporativo para empatizar con las grandes audiencias porque no está su debate encima de la mesa. Sólo sé que era un hombre convencido, al que nadie pudo reprocharle hablar de algo que no dominaba. Si todo partía en una canción de Fito, entonces tenía intacto su derecho a llegar a cualquier sitio, a cualquier idea, a cualquier conocimiento inviolable. Más aún: Si ha llegado al rescate esta noche, años después de escucharle, ¿quién se atrevería a juzgar lo efectivo de su ponencia? Su decisión salvó, al menos ante mis ojos, el resto del discurso. Y ante el ataque del lector, me sublevo: No me dejo vencer por la filosofía barata de una canción, triturada millones de veces en las radios más comerciales. El triunfo supone introducir un tema que no era el suyo, ni el mío, ni el de la conferencia, ni el esperado, ni uno de los permitidos, como método de enfocar el asunto. Nadie aseguró nunca que lo que ilumina el foco deba contener todos los elementos del juego, que no haya nada a la sombra.

Sabrá el lector tan bien como el autor que la canción aquí carece de importancia, pero es a grandes rasgos el único homenaje posible a la conferencia y a quién la dio voz:
He aprendido en esta vida de lo bueno y de lo malo.
Me he elevado por el cielo y me he arrastrado por el barro.
Más de treinta y cinco años y doscientos diez defectos.
Y he tocado la locura con la punta de los dedos.

Voy mirándome en los charcos,
yo no necesito espejos.
Sé que soy mucho más guapo
cuando no me siento feo

Nunca me han interesado ni el poder ni la fortuna.
Lo que admiro son las flores que crecen en la basura
¿Dónde se han quedado tus sueños? Tienes el alma desnuda.
Después de romper la ola, sólo nos quedó la espuma.

Feo. Fito y Fitipaldis. (Link: http://www.youtube.com/watch?v=ahq_JgGr1cg)
Sospecho que hace tiempo alguien contrató los servicios de un profesional que pasea justo detrás de mi, a una distancia mínima, pisando mis huellas, para hacerlas más visibles. Pero no me importa, yo me siento fuerte. Porque en este momento en que no puedo darte explicaciones enriquecedoras sobre el problema que tenemos entre manos, he entendido lo que sí puedo hacer: Salirme del camino, para escuchar a Fito y a tantos otros, esperando encontrar otras respuestas. Elevar la cabeza, contentándome con mi experiencia actual. Demostrar al mundo que no necesito saber de peces para pescarlos. Que con disfrutar de los cuentos puedo adentrarme en las mayores contiendas. Es lo que tiene, supongo, aprender de lo bueno y de lo malo, elevarse por el cielo y arrastrase por el barro, más de treinta y cinco años. Esta noche voy a jugar al poker, voy a leer a Stendhal y voy a ver thrillers imposibles, para mañana construir soluciones. Como Churchill (i)...

Sino lo tienes claro, sólo debes continuar a la siguiente diapositiva. Pero no me juzgues entonces cuando caiga, unas cuantas veces, por no conocer los caminos.


(i)
(Según un diálogo de la conocida serie Lost, extraido de http://www.frikania.com/?p=353:

Jack Sheppard: So where do we go from here?
James “Sawyer” Ford: I’m working on it.
Jack Sheppard: Really? Because it looked to me like you were reading a book.
James “Sawyer” Ford: I heard once Winston Churchill read a book every night, even during the Blitz. He said it made him think better. It’s how I like to run things. I think. I’m sure that doesn’t mean that much to you, ’cause back when you were calling the shots, you pretty much just reacted. See, you didn’t think, Jack, and as I recall, a lot of people ended up dead.


)

lunes, 20 de julio de 2009

Los límites del 'Alemán': No se olvide...

La divina empatía (quizá más satisfacción, aunque todos nos sentimos algo representados por los mejores valores de la humanidad) que se siente con un personaje referencia, ese que entre nuestros semejantes se atreve a dejarse la vida para romper los límites bien vale la reproducción de este artículo de largo recorrido, con casi dos años a sus espaldas cuando escribo estas líneas.

Cuando Gabriel Heinze (Argentina, 1978) suba al estrado en la presentación oficial del Bernabéu, como último eslabón del proyecto de Ramón Calderón hacia lo que el presidente llama "la excelencia en el juego", recordará las palabras del conspicuo Jorge Bernardo Griffa Monferoni. Por debajo de la pompa protocolar, el precio de su fichaje (12,5 millones de euros) y su nuevo sueldo de figura (dos millones limpios), en el cerebro de Henize retumbarán las palabras que lo acompañan desde una noche tensa de 1997. La noche en que recibió una llamada en su habitación de la concentración del Newell's.

Mario Zanabria, su entrenador, le había dicho que se preparara para debutar en Primera. Estaba intentando descansar cuando la campana del teléfono interrumpió su duermevela. Su compañero de cuarto, el ex madridista Ricardo Rocha, levantó el auricular pensando que nadie querría hablar con el jovencito pueblerino que dormía en la otra cama. Se equivocó. "Es para vos, Alemán", le dijo, llamándole por su apodo.

Heinze reconoció la voz inapelable del director de la cantera del Newell's. Era Griffa, que apuntó al corazón: "Alemán, lo felicito porque mañana va a debutar en Primera. Pero nunca se olvide de una cosa: no se complique con la pelota. Porque usted no sabe jugar al fútbol".

Heinze debutó como lateral izquierdo. No le fue mal. Los delanteros del campeonato argentino comprobaron en sus carnes las dificultades de atacar por donde campaba el rubio de Newell's. No sabía conducir el balón, ni tenía buen pie, ni era un pasador destacado. Sus centros eran apenas normales, en las raras ocasiones en que alcanzaba el campo contrario. Pero tenía algo. Algo relacionado con el fuego competitivo. Sabedor de sus enormes limitaciones, Heinze disfrutaba de cada minuto que transcurría en la cancha. Su amor por el oficio era tan grande que defendía a su portero como si fuera su madre. En unos meses con el Newell's se ganó fama de hostigador. De sabueso.

Ramón Martínez recomendó su fichaje al Valladolid en 1998. Entonces, un año después de recibir la primera llamada de Griffa, el chaval recibió la segunda. El viejo técnico -toda una eminencia en el fútbol argentino- no alteró el discurso. "Alemán", le dijo, "lo felicito por su pase a España. Pero no olvide que usted no sabe jugar al fútbol".

Heinze se embarcó hacia Europa con su equipaje y con las palabras de Griffa como patrimonio. Jugó en el Valladolid, sin demasiado éxito, en el Sporting, el Paris Saint Germain, y el Manchester. Él mismo suele autoparodiarse cada vez que recuerda las llamadas de Griffa. Se lo toma con humor.

Fiel a su costumbre, el técnico le sorprendió cuando supo que había entrado en la convocatoria de la selección por primera vez. Al oír la voz, Heinze supo quién era. "Lo felicito por su convocatoria con Argentina", le dijo; "pero no se olvide que usted no sabe jugar al fútbol".

Heinze se abrió paso trabando la mandíbula. Ganó un puñado de títulos: el oro olímpico en Atenas, la Liga inglesa de 2003 y 2007, una Copa de la FA y una Copa de la Liga inglesa. En 2002, alucinados por su fútbol febril, los socios del Manchester no repararon en las limitaciones de El Alemán cuando le votaron mejor jugador del año.

El Madrid le brindó a Heinze una ocasión dorada de librarse del clima opresivo de Old Trafford. El argentino no atravesaba su mejor momento futbolístico. Además, litigaba con Alex Ferguson, su director técnico, y la federación inglesa le había prohibido fichar por el Liverpool. Advertido de sanción, el club que dirige Rafa Benítez no pudo pagar la cláusula de rescisión de diez millones de euros. Lo hizo el Madrid, que, como siempre, superó el precio de mercado. El Madrid puso 12,5 millones y Heinze firmó por cuatro años.

Es la antítesis de Robben. Tampoco se parece a Roberto Carlos, el hombre al que debe reemplazar. Es Heinze. Y Griffa siempre le dijo la verdad.

Los límites del alemán, El País, 23/08/2009. Diego Torres, mostrando la más pura pasión argentina al servicio de El País (y generalmente de la actualidad madridista) durante unas cuantas temporadas ya.

miércoles, 15 de julio de 2009

De batalla en batalla

Era una guerra tan difícil de ganar, que era imposible. Ni siquiera sabía quién era su enemigo. No recibía noticias de donde se producirían los ataques, ni a quien afectarían: por eso, de hecho, la ausencia de noticias ni siquiera podía convertirse en una señal de alivio. Dormía siempre con un ojo abierto, si es que a eso podía llamársele dormir. Y sin embargo, combatió durante toda su vida convencido de su propósito, con una actitud encomiable, enterrando todos y cada uno de los obstáculos que se encontró por el camino. Incluso aquellas ayudas que confundió con obstáculos, dejando claro que era insobornable. Creo que era un héroe. O al menos, yo estoy seguro de ello.

domingo, 24 de mayo de 2009

Elecciones individuales, conclusiones colectivas..

Resultaría demasiado descorazonador (e infinitamente presuntuoso) presentarse en este espacio a demostrar que los principios que rigen este mundo son erróneos: Pero tal es la libertad que proporciona esta identidad múltiple, la consciente intimidad a prueba de equivocaciones y el convencimiento irracional sobre esta idea que no puedo impedir intentarlo.

Se me vienen a la mente, en primer lugar, las reacciones ideales entre elementos químicos que complementaban mis relaciones adolescentes en el instituto. Esas aulas monótonas, donde un espigado científico loco nos contaba aquellas reacciones: Fórmulas rigurosas donde los elementos se transformaban de alguna misteriosa forma para convertirse, al otro lado de la flecha, en compuestos con formas diferentes. Posteriormente todo era cuestión de números para igualar los datos a un lado y a otro, quedando únicamente para la discusión el número de atomos o unidades cúbicas necesarias para obtener, por ejemplo, tres moles de agua. Banal discusión ya, pensaba entonces y pienso ahora. Lo que nunca vi, y creo que tampoco lo hizo ninguno de mis compañeros, es que el oxígeno diatómico, mezclado con un compuesto de azufre, diera como resultado un compuesto repleto de nitrógeno, flúor, cadmio o plata. Era impensable que la transformación fuera más allá, y que un elemento que no estuviera a un lado de la fórmula apareciera al otro. ¿Quién tenía poder para construir una receta asombrosa como esa? Pues en el mundo químico que me explicaron, nadie, porque así debían funcionar las cosas.

Sé que estoy perdido desde que hice referencia a reacciones ideales: Supongo que la paradoja ya fue ideada y ante ello le dieron este nombre distinguido. Pero no por ello pierdo la oportunidad de declarar la guerra a un principio tan descabellado: El que los actos realizados en un entorno cerrado y elegido, afecten al resto de individuos, incluso con circunstancias y componentes que nunca estuvieron en la fórmula. La teórica dependencia entre las precondiciones y los participantes iniciales se esfuma al comprobar los resultados.

¿A dónde vamos, pues? A un lugar en el que mis actos te afectarán sobremanera, eso seguro. A una encrucijada donde mi sentido de la libertad estará retringido por el temor a herirte. A decir lo contrario de lo que pienso, y aún así fallar tanto en lo que digo como en lo que pienso. A un campo de minas donde lo más doloroso será saber que yo mismo las enterré, pero no puedo decirte donde están porque apenas me queda un hilo ténue de voz con el que expresarme. Y yo me rebelo ante esto, con un gesto rabioso de rebeldía individual, enfrentándome a la inmensidad del universo. Y tú me recuerdas, con inmerecida y dulce amabilidad, que incluso ésta elección individual de rebeldía tendrá consecuencias colectivas. Y cuando me doy cuenta lloramos juntos por ello.

lunes, 27 de abril de 2009

Buscando toses de las que quieren y pueden...

Sabía que le hacía daño respirar, pero no podía dejar de hacerlo. Asfixiado y abatido, no duraba más que unos segundos cuando trataba de buscar alivio expulsando el aire de sí mismo. Se decía sollozando: No puedo, no puedo... ¡No puedo! Y cada vez que repetía puedo lo hacía con más fuerza, escupiendo el puedo sobre el quiero, como si se refiriera a algún momento pasado donde mintiera sobre lo que no podía hacer.

Afortunadamente no todas las veces era así de duro: Ni siquiera era algo estrictamente temporal. Por supuesto que al inicio de su enfermedad, cuando de sus toses no salía sangre ni de sus manos un calor abrasivo, las cosas fueron mucho más fáciles de llevar. Pero actualmente no estaba en su peor momento, y si bien se encontraba en una mala racha, sabía que con el paso de los minutos las sensaciones mejorarían, podría incluso vivir y no solo sobrevivir. Podría dejar de decir que no podía.

Pero se acercaba un momento más terrible todavía: El instante en que con una hemorragia de sangre invisible, hecha más de lágrimas que de glóbulos rojos, dijera que no quería. Solo un golpe de suerte, no merecido por otra parte, podría cambiar este presentimiento. Un golpe de autoridad...